jueves, 19 de mayo de 2011

'La mano invisible y otras falacias del mercado', por Maite Barneto

Las palabras importan. Son el instrumento que nos sirve para poner nombre a las cosas y para definirlas. Ya se sabe, lo que no tiene nombre... no existe...
El sistema económico en el que vivimos se llamo Capitalismo hasta hace 30 años. Pero se le cambio el nombre por Economía de mercado. La ciencia económica se denomino Economía Política, hasta que se le mutilo el componente ideológico y se quedo en Economía a secas.
Hace pocos meses, en los días en los que la Unión Europea decidió el "rescate financiero" de Irlanda, una periodista entrevistaba en Radio Nacional al comisario europeo, J. Almunia. La primera pregunta, literal: "Existe la impresión ciudadana de que la culpa no es de los políticos, sino de fuerzas no identificadas llamadas mercados, ¿quien manda aquí?". La respuesta de Almunia: "no se puede achacar la culpa a grupos concretos, el esfuerzo corresponde a todos, bla, bla, bla..."
Enunciados de este tipo son demasiado frecuentes en los poderosos medios de comunicación, y forman parte del discurso dominante: el mercado es el mecanismo económico más eficiente cuando actúa libremente, y sus fuerzas internas llevan al equilibrio sin necesidad de que intervenga la autoridad pública. Se habla del mercado como si funcionara según la metáfora de la mano invisible de A. Smith, pero trasladada al siglo XXI.
Los mercados ingleses del siglo XVIII que describió Smith, de los que extrajo su metáfora, en gran parte se parecían a lo que los economistas llamamos "competencia perfecta": la oferta la realizan un número tan elevado de empresas que ninguna puede influir en el precio del bien en cuesti6n. En estas condiciones idílicas son las propias fuerzas del mercado, la oferta y la demanda, las que determinan las condiciones del intercambio. Miles de empresas junto con miles de consumidores interactuan sin que ningún individuo concreto, empresa o consumidor, ejerza el poder. He aquí la mano invisible.
Pero la historia de la empresa capitalista es la historia de un proceso continuo de crecimiento y concentración, modelando industrias oligopólicas, dominadas por un puñado de enormes empresas.
Paralelamente al proceso de crecimiento empresarial hubo que ensanchar el lado de la demanda. Para absorber la creciente producción fueron aumentando los mercados geográficos, hasta desembocar en la globalización actual, el mercado único mundial.
Y parece que el crecimiento no tiene limite... el poder económico sigue concentrándose cada vez en menos manos, el desarrollo tecnológico da lugar a una capacidad de producción tan tremenda que para darle salida se les ocurrió endeudar a las personas hasta limites temerarios... El escenario del capitalismo hoy, con la mayoría de los mercados controlados por unas pocas empresas con un claro poder sobre ellos, es una mano bien visible, es un poder real. No se trata de "fuerzas no identificadas" sino de grupos empresariales multinacionales concretos, con nombre y apellidos. Son los grandes bancos, los analistas financieros y las grandes gestoras de fondos de inversión en el caso del mercado financiero mundial, sector fundamental en cualquier economía que debe regularse de una manera estricta. El economista y escritor J.L. Sampedro afirmaba recientemente en una entrevista que la crisis actual no es una crisis financiera, sino política.
¿Por que las autoridades han permitido que las empresas tomen el poder? , ¿Por que se ha decidido no ponerles limites? Y sobre todo ¿por que no se reconoce públicamente este poder, en lugar de ocultarlo? Sabemos que cualquier empresa tiene incentivos para alejarse de la competencia, en busca de un mayor beneficio. Y también sabemos que los seres humanos, si no se nos ponen controles, tendemos a la avaricia, a la ambición excesiva y a la acumulación de poder. Sin embargo los políticos, tanto conservadores como socialdemócratas, no solo practican el laissez-faire, sino que además ocultan la realidad a la ciudadanía, confundiendo con eufemismos económicos elaborados por la Academia. Hablemos con propiedad. Los mercados actuales no son libres, están dominados por unos pocos. La "liberalización" consiste precisamente en dejar vía Libre a las grandes multinacionales para que se hagan con esos mercados. Libertad de una minoría en detrimento de la mayoría. Estas son las falacias del mercado, que intoxica el lenguaje económico y político.
Es momento de reaccionar, de llamar a has cosas por su nombre y de debatir alternativas.
Por ejemplo, ¿por que no se limitan las cuotas de mercado y los beneficios de las empresas, aún a costa de un menor desarrollo tecnológico? , ¿Por que no se para el crecimiento continuo, si la tierra y sus recursos son finitos?
Si, es hora de reaccionar. De escuchar has voces de otros pensamientos que se centren en el ser y no en el tener, en la solidaridad y no en el individualismo, en una sociedad más justa para todas y todos. Quizás de esa forma seamos más felices, porque también sabemos que la felicidad no llega de la mano de los bienes materiales y el dinero.

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